El álbum que no solo retrató la realidad mexicana, sino que nos hizo entender que bailar también es resistir.

“El Circo” de La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, abrió sus puertas hace 35 años, por aquel septiembre de 1989 cuando un puñado de jóvenes amantes de la música – influenciados por figuras como Tin Tan y Pérez Prado- irrumpieron en la escena de la cultura popular mexicana. Se trata del segundo álbum de la banda, el cual se volvió un referente en la historia del rock en nuestro país.
¡Gran circo es esta ciudad!
En un México que buscaba modernizarse, pero, donde paradójicamente se intensificaba la crisis económica y la desigualdad social, el ska y el rock nacional fueron válvulas de escape; un apoyo significativo para los movimientos juveniles que emergieron en la época.
Este álbum, no fue solo un conjunto de canciones, es una estampa sonora de la Ciudad de México. Las canciones retratan un México noventero lleno de ruidos, movimiento de sus calles, las desigualdades sociales, la resistencia y sobre todo, la alegría característica del barrio.
“Un Gran Circo”, la rola que dio título al álbum y ofreció una metáfora directa del país: un lugar donde los políticos, empresarios y medios masivos de comunicación se confunden con trapecistas, domadores y payasos; nosotros por otro lado -la sociedad- somos el público testigo de ese espectáculo disfrazado de democracia.
¡Ya llegó su Pachucote!
El Circo, logró que sus canciones se convirtieran en himnos intergeneracionales e interraciales; reivindicando una identidad cultural antes marginada. Este baile cadencioso trajo consigo dignidad a una figura contracultural: el pachuco, esa figura que en el imaginario del barrio representa esa dignidad, el estilo, la autenticidad y la voz de aquellos que históricamente habían sido estigmatizados.

También hubo un espacio -que como bien lo dijo Rocko-, es “para el amor y desde el amor”: Kumbala, ese bolero que rompió esquemas dentro del rock nacional al hacer bailable aquella melancolía de la vida nocturna en la gran ciudad y que, además, después de tres décadas de su lanzamiento es la canción más escuchada de la banda en plataformas digitales.
Con ritmos como el danzón, el son jarocho, el bolero, el dinamismo y explosividad del rock -y por supuesto, el ska- podemos recorrer este paisaje sonoro al ritmo “Solín” “Un poco de sangre”, “Morenaza” “Pata de perro” y que mejor cierre que un cover al señor Alberto Aguilera Valadez:“Querida” -Juan Gabriel en ska no se ha vuelto a hacer-.
Para muchos, El Circo marcó una parte de su vida. Hay quienes recuerdan haber brincado con Pachuco en fiestas universitarias, otros cuentan que en su boda no pudo faltar Kumbala, la nostalgia de recordar las ventas de ropa en el barrio, no falta quien confiese que aprendió a bailar ska en un concierto de la Maldita. Treinta y cinco años después, esas memorias siguen tejiéndose recordándonos que la música se convierte en un puente que une la memoria, la resistencia y la alegría.

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